BÚSQUEDA DE CONSENSOS

Ad portas de la instalación del nuevo Congreso, que completará el período del elegido el año 2016 y disuelto el 30 de setiembre del 2019, se hace necesario hacer algunas reflexiones, sobre todo teniendo en cuenta la diversidad de bancadas parlamentarias que lo integrarán, con muchas minorías, pero sin ninguna mayoría que pueda llevar la voz cantante.

Si bien es cierto que siempre se debe buscar consensos, ello es imprescindible cuando no hay ningún grupo mayoritario en el Congreso, por lo que para lograr la votación requerida para aprobar leyes ordinarias como orgánicas, así como también investigaciones e incluso nombramiento o ratificación de algunas autoridades, es necesario consensuar y eso se hace mediante el diálogo alturado tratando de conciliar posiciones para llegar a acuerdos.  Lo señalado es lo que se denomina “negociación política”, pero en el buen sentido de la expresión, no para cuoteo de privilegios ni búsqueda de prebendas.

Un maestro de la política, como fue el profesor don Ramiro Prialé, enfatizaba una frase que ha pasado a la Historia, “conversar no es pactar”, y efectivamente para buscar consensos a través de la negociación política hay que comenzar conversando, parlando y más si se trata de temas parlamentarios.

En las conversaciones políticas, para llegar a consensos, también hay que tener desprendimiento y reconocimiento a quienes han sido figuras señeras en nuestra vida republicana, y es un buen ejemplo de ello, el gesto democrático y cortés de Luis Bedoya Reyes, que pese a habérsele ofrecido votos más que suficientes en el Congreso Constituyente del año 1978, para presidirlo, pidió que fuesen a don Víctor Raúl Haya de La Torre.

La búsqueda de consensos en el Pleno del Congreso, es tarea difícil, pues actúan en contra los reflectores y la exposición pública, que muchas veces influyen en el comportamiento de las personas, por lo que es buena práctica parlamentaria buscar acuerdos en las comisiones dictaminadoras y muchísimo mejor en los recesos, cuartos intermedios y especialmente alrededor de una taza de café, infusión que ayuda a romper posiciones extremas y supuestamente irreductibles, para que, conciliando, se pueda con mutuas cesiones llegar a los acuerdos deseables y conseguir la votación requerida.

Bueno es recordar que los integrantes de otras bancadas, han sido contendores para llegar al Congreso, pero de ningún modo deben ser tratados de enemigos y que, por más divergencias en opinión, siempre es posible alcanzar posiciones satisfactorias para todos.

Llega a mi memoria que en tiempos pretéritos se sabía distinguir las relaciones personales de las políticas y que las primeras facilitaban las segundas, siendo un gran concertador Roberto Ramírez del Villar, en cuyo domicilio, luego de sesiones parlamentarias no exentas de tensiones, ellas se morigeraban e incluso desaparecían, compartiendo un buen vino.

Las experiencias citadas, sería bueno que las conozcan los elegidos para el nuevo Congreso, con lo que se evitarán en lo posible situaciones incómodas, que podrían ocurrir. Lo mismo es de aplicación en las relaciones entre los Poderes del Estado, lo que se acredita con el buen resultado que dio hace algunos años, el en los hechos “Consejo de Estado”.